jueves, diciembre 04, 2008

La Tambora (Primera entrega)


Por: Diógenes Armando Pino Avila


La Tambora: Con este nombre se conoce a una modalidad de canto y baile autóctono del municipio de Tamalameque en el Departamento del Cesar y difundida y practicada desde hace siglos a lo largo y ancho del río Magdalena desde Simití hasta más arriba de Tenerife; concretamente en la sub-región de la DEPRESION MOMPOSINA, adentrándose por caños y ciénagas en toda su extensión, convirtiéndose este "baile cantao", en la identidad cultural y folclórica de todos los pueblos, veredas y rancherías de este vasto territorio.Su nombre proviene del instrumento musical llamado Tambora (hembra). Instrumento (bimembranófono) formado por un cilindro de madera, cuyas dos bocas están cubiertas por unos cueros, generalmente de carnero, los cuales son golpeados con unas cortas varas o mambácos.


Conformación: Nuestras investigaciones nos llevan a concluir que "La Tambora" como manifestación cultural y folclórica del hombre del río Magdalena, tuvo una conformación triétnica, debido a que el Indio, el Negro y el blanco, todos en su medida cultural y a su debido tiempo, hicieron su aporte, dentro del acontecer histórico del río Magdalena.



El Indio: Los Indios Chimilas, esos bravos guerreros descendientes de los bravíos Caribes, poblaron el vasto territorio de la margen derecha del río Magdalena, desde frente a la isla de Mompox hasta Gamarra, cerrando un triángulo en el Valle de Upar. Ese vastísimo reino Chimila era regentado por el cacique Tamalaguataca, quien junto con su pueblo prefirió la extinción y la muerte al sometimiento del yugo español.Todavía quedan perdidos en la selva de la región Chimila, entre el Copey y Fundación un reducto de algunos descendientes de estos bravos guerreros, como testimonio de su existencia, conservando su original forma de vida; sin saber, tal vez, que en su momento, fueron los amos y señores de un reino y poderío, que haría palidecer de envidia a cualquier "Cacique" de nuestros días.En fin, estos bravos Chimilas, tal vez, en sus ceremonias religiosas, donde hacían sus ofrendas al dios MARAYAJNA, o a ITAYLAS su demonio, danzaban alrededor de un tronco hueco, el cual era golpeado por unos palos, arrancándole un ritmo para marcar la cadencia de la danza.


El Negro: Sabido por todos el advenimiento del negro al territorio Americano; pues, bien, el negro fue introducido a través del rió Magdalena, como esclavo para el trabajo de minería y después fue remitido a la labor de boga en el rió para reemplazar el indio que estaba siendo aniquilado por este duro trabajo. El trabajo de boga que ejecutó primero el indio solo y después junto con el negro, dio pie para fundir en parte a estas culturas diferentes, pero unidas en el sufrimiento, haciendo posible el cruce racial también. El Negro aportó los parches a la Tambora e impuso el ritmo, del cual eran maestros en su África lejana, aportó además, el lamento en los cantos.


El Blanco: El Conquistador, el español que irrumpe en la vida americana, imponiendo violentamente su cultura -- A más de la cruz y de la espada, trajeron el gonococo, como diría el Tuerto López---, El papel que desempeñan en la conformación de la Tambora, es la inclusión de su vestido.Como dato curioso, la negra que tuvo que vestir, obligada las prendas de la blanca; ("Noches de San Zenón: El ama obligaba a la negra a vestir sus prendas, vestidos y mejores atuendos, para regocijo de los blancos"), pero como signo de rebeldía, la negra se dejó el faldón de la blusa por fuera, nunca se lo encajó, dejando testimonio de su dignidad. Este hecho significativo, de la rebeldía negra, lo hemos respetado y aún en nuestros días, al bailar la Tambora, nuestras mujeres no se encajan la blusa.


En fin, podemos concluir, sin problema alguno, que la conformación de la Tambora tuvo un origen triétnico: La Danza a rascapié y sin movimiento exagerados en las caderas, sino serena y cadenciosa es de origen indio, Chimila. La instrumentación y voces de origen negro, y el vestuario de origen blanco.


Tomado de La Tambora: Universo Mágico de Diógenes Armando Pino Avila. Fumprocep, Bucaramanga 1.989

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