domingo, agosto 10, 2008

Paraiso del abandono

Por: Diógenes Armando Pino Avila
Estuve de nuevo en Tamalameque, y como siempre, inmediatamente llegué, salí a enterarme de las últimas noticias. Eso fue ayer, pues hoy lo dediqué a la lectura, la cual combiné entre la Santa Biblia y “La Memoria del Agua: Bailes cantaos viajan por La magdalena”, libro de folclor escrito por mi amigo SILVIO FERNANDO DAZA, donde hace un análisis producto de la investigación de las manifestaciones culturales del Magdalena Medio y Bajo y sobre todo de “La depresión Momposina.”

Me senté en el patio, bajo un frondoso árbol de mango, que me daba amigable y fresco cobijo y servía de cómplice para mi lectura, pero al cabo de quince minutos tuve que cerrar el libro y suspender la lectura presa de una opresión en el pecho y dificultad respiratoria, preocupado me levanté y tomé conciencia de que el patio estaba lleno de humo: Un vecino incineraba la basura en su patio, me pregunté: Porqué persiste esta costumbre en Tamalameque? A lo que respondió un amigo que llegaba en ese momento: “Porque el carro recolector de basuras desde hace largos meses está fuera de servicio.”

Comencé a hablar con el amigo y me enteró de graves cosas que ocurren al interior del municipio, y de gravísimas cosas que pasan con el erario público, las cuales no publico por no tener la certeza de que sean ciertas, pero eso no obsta para que como tamalamequero me preocupe y pida a todos los hermanos nacidos aquí que montemos un frente común para defender los intereses de este pueblo que nos vio nacer.

Me invitó al parque, pero insistió que llevara la cámara fotográfica, ante su insistencia accedí y le acompañe, ahí vi al otrora nicho sagrado de la cultura tamalamequera, edificio emblemático de Tamalameque, convertido en las ruinas de “Machupicho.” Aquí no puede contener una gruesa expresión costeña, y la solté y duro: ¡No joda, Tamalameque no tiene dueño! Me llené de rabia y en un frenesí furioso disparé el flash de mi cámara hasta agotar la capacidad de almacenamiento; de esas fotos, que bien podría servir de exposición en la galería del olvido, con el titulo de un escrito de Edgar Peñaloza “Tamalameque, paraíso del abandono.” Les doy unas muestras, para ver si comparten conmigo la misma o más dura expresión.



Aquí me invadió el dolor de gestor cultural, de estudioso de la cultura de mi pueblo para preguntarle, no se, si al “arquitecto”, o al “tamalamequero”, al “profesional”, al “alcalde”, a la tamalamequero común, a mi mismo, ¿Es ésta la responsabilidad histórica que tenemos? Cual es el legado cultural que le vamos a dejar a las generaciones futuras?


Aquí se me vino a la mente un pasaje de un libro que me obsequió un ilustre hijo de Tamalameque, una novela de Giussepe Tomasi di Lampedusa titulada “El Gatopardo”, donde Tancredi, un joven de sangre azul, sobrino de don Fabricio Falconeri toma la decisión de ir a luchar por la república en contra de la nobleza y cuando su tío lo inquiere el porqué de esa decisión le contesta con la frase lapidaria: “Para que todo siga igual, es necesario que todo cambie.”

Por ello queridos coterráneos hagamos la reflexión para ver si nos despojamos de egoísmos personales y de grupos y hacemos frente común para devolverle a la administración pública la importancia que siempre tuvo en Tamalameque y que desde hace algunos años se perdió.


Buenas Tardes y que Dios les bendiga.






























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